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Introducción

Seguramente alguna vez hayas escuchado que la depresión es la enfermedad del siglo XXI, incluso podríamos ampliar esta afirmación a gran parte del siglo XX, puesto que llevamos muchos años viendo como la palabra depresión actúa como alarma y reclamo en diversos estadios de nuestra sociedad.

Una gran parte de las consultas que se atienden desde atención primaria están perfiladas por esta enfermedad, estigmatizada en nuestra vida moderna y que afecta demográficamente alrededor de un 15% de la población occidental. La Organización Mundial de la Salud, alarma sobre ello y afirma que el próximo año, la depresión será la mayor causa de baja laboral en países desarrollados y
la segunda enfermedad más frecuente en el mundo.

Con tal alarma entorno a la depresión, nos encontramos con incontables ventas de medicamentos antidepresivos, a la cabeza de las listas de gasto farmacéutico. Y a la vez, con incontables personas que afirman no haber notado ninguna mejoría con su consumo. Mientras que su uso crece de forma exponencial según indicaba recientemente el Círculo de Sanidad en su último informe “La Sanidad en Cifras”, donde exponían que la tendencia al alza sigue.

El objetivo de este artículo es aportar información y recursos para entender por qué pueden no estar funcionándote.

¿Qué son los antidepresivos? Tipos

Los antidepresivos son fármacos que actúan sobre el Sistema Nervioso Central, a través de diversos mecanismos sobre las sinapsis, o conexiones entre las neuronas. Su utilidad busca normalizar el estado de ánimo de la persona, incrementando la cantidad de algunas sustancias químicas naturales del cerebro que actúan como mensajeras entre las neuronas (neurotransmisores).

Según sus propiedades y mecanismos de acción, pueden dividirse en distintos tipos, según la familia farmacológica a la que pertenecen.

Inhibidores de la MonoAminoOxidasa (IMAO)

Se trata de los fármacos más antiguos en el tratamiento de la depresión. Trabajan equilibrando neurotransmisores al reducir la cantidad de monoaminooxidasa, ayudando a aliviar los síntomas de la depresión.

Se utilizan muy poco ya que interaccionan con sustancias frecuentes en alimentos habituales y no pueden combinarse con otros antidepresivos, ni con otros muchos medicamentos.

Antidepresivos Tricíclicos (ATC)

Después de los IMAO son los antidepresivos más antiguos. Actúan interviniendo en la absorción (recaptación) de serotonina y noradrenalina, aumentando los niveles de ambos neurotransmisores en el cerebro. Este tipo de psicofármacos también afectan a otros neurotransmisores, provocando
numerosos efectos secundarios como: visión borrosa, estreñimiento, sequedad bucal, hipotensión y mareo, retención urinaria, alteraciones de la eyaculación, arritmias, taquicardias, aumento de peso, o alteraciones menstruales, entre otros.

Debido al gran número de efectos secundarios que pueden producir se han ido reemplazando por otros tipos, aunque siguen utilizándose.

Dentro de este grupo encontramos principalmente: Clomipramina e Imipramina.

Inhibidores Selectivos de la Recaptación de Serotonina (ISRS)

Se trata de un tipo de medicamentos más modernos en el tratamiento de la depresión y los más utilizados en la práctica clínica debido a que los efectos secundarios que producen no son tan intensos como los de otros psicofármacos. Actúan incrementando únicamente los niveles de serotonina, uno de los
neurotransmisores encargados de enviar señales entre las neuronas. Para ello, estos psicofármacos, paralizan la reabsorción de serotonina, favoreciendo que haya más serotonina disponible.

Su efecto terapéutico sobre la sintomatología depresiva, tarda en manifestarse dos o tres semanas, y no suelen interferir en el desarrollo de las actividades de la vida diaria. Sus efectos secundarios se manifiestan como: irritabilidad gastrointestinal, disfunciones sexuales, y puntualmente intranquilidad, nerviosismo o insomnio.

Dentro de este grupo encontramos: fluoxetina, fluvoxamina, paroxetina, sertralina, citalopram y escitalopram.

Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina y la Noradrenalina o ISRN

Este tipo de antidepresivo, actúa sobre la serotonina y la noradrenalina al igual que ocurre con los tricíclicos. La principal diferencia es que este tipo es más específico sobre ambos neurotransmisores, produciendo menos efectos secundarios. Al trabajar de forma dual con la serotonina y con la noradrenalina
son más rápidos que otras sustancias.

Dentro de este grupo encontramos como los más conocidos: la venlafaxina y la duloxetina.

Inhibidor Selectivo de la Recaptación de la Dopamina y la Noradrenalina

Este tipo es más conocido para la desintoxicación de la nicotina y otras sustancias, pero ha demostrado tener efectos positivos en casos de depresión, actuando inhibiendo el transporte de dopamina y noradrenalina.

Dentro de este grupo encontramos el bupropión.

¿Cuándo es recomendable tomarlos? ¿Cuál es el tratamiento complementario que hace que sean más eficaces?

Es habitual escuchar como muchas personas etiquetan como depresión momentos adversos, donde el sufrimiento, la tristeza, desesperanza o falta de ánimo aparecen, sin dejar de ser reacciones naturales a pérdidas o frustración. La depresión, no es estar de bajón, tener el ánimo por los suelos o estar triste un
día; es una enfermedad, y como tal mantiene unos criterios diagnósticos y es susceptible de medicación.

Es importante conocer el proceso depresivo, en el que los niveles de dopamina y serotonina se reducen y el cerebro no es capaz de producir estas sustancias por sí solo. La medicación, puede ayudar para recuperar los niveles adecuados de estas sustancias.

Los casos en los que puede ser útil recurrir al uso de antidepresivos, se centran en primer lugar en tu estado de salud, es importante realizarse una analítica donde se compruebe que no existe ningún problema fisiológico.

Si a nivel fisiológico todo está normalizado, podemos hablar del uso de antidepresivos en casos de personas que llevan más de dos meses con sintomatología depresiva, en las que su alimentación y ciclo sueño-vigilia se han
visto alterados, que presentan sensación de agotamiento y desilusión, cuya rutina diaria se ha visto afectada, y la ansiedad y crisis son frecuentes.

A pesar de que la depresión está asociada a cambios cerebrales, está probado que la posibilidad de mejora en la persona al hablar de su problema es útil para su mejora.

Hay que tener claro, que los antidepresivos no son imprescindibles en tratamiento de la depresión siendo fundamental la psicoterapia. Desde la Psicología se tratará la depresión mejor que ningún fármaco, proporcionando evaluación e intervención adecuada que facilite las herramientas para salir de depresión y no volver a caer en ella.

Cristina Higueras López
Psicóloga de grupoVOLMAE

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