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A cualquier persona, en un momento determinado de su vida, puede ocurrirle que, de forma inesperada, mientras esté ocupado en una actividad de su vida cotidiana, “…comience a notar sensaciones inusuales; por ejemplo su corazón empiece a palpitar, tenga sensación de ahogo y mareo y que la cabeza se le vaya y crea que se va a desmayar. Sienta que está a punto de morir…”. Estos síntomas pueden comenzar de forma intensa o con episodios de ansiedad más leves, a la vez que pueden complicarse con agorafobia.

¿Cuáles son los síntomas de la agorafobia?

La agorafobia se caracteriza por la aparición de los síntomas de ansiedad anteriormente referidos y comportamientos de evitación a lugares o situaciones donde percibes que escapar puede resultar difícil. También puedes querer evitar aquellos lugares donde percibes la imposibilidad de encontrar ayuda en caso de que aparezca en ese momento una crisis de angustia o síntomas similares.

¿Qué comportamientos solemos emitir cursando agorafobia?

Como consecuencia de este miedo reaccionamos con comportamientos de evitación casi permanentes a múltiples situaciones, tales como estar solos dentro o fuera de casa, estar en sitios con mucha gente, viajar en autobús u otros transportes públicos, etc., aunque la gravedad de la ansiedad y la intensidad de la evitación es fluctuante y depende de la persona y del momento.

Es por todo lo referido que este trastorno fóbico puede considerarse como uno de los más incapacitantes, ya que algunas personas pueden llegar a quedar prisioneras en su casa, disminuyendo de forma drástica su calidad de vida, afectando a sus posibilidades sociales, laborales, de rendimiento académico, etc.

Esta percepción de falta de salida o de sentirse incapaz cuando no dispones de ayuda puede provocar en la persona serios problemas emocionales y una valoración negativa de sí mismo y las condiciones que lo circunscriben. La persona que cursa y padece agorafobia comienza a manifestar comportamientos que afectan a las diferentes áreas de su vida y, como consecuencia, puede surgir la aparición de otros trastornos y patologías, ya que lo que pensamos acerca del mundo, de los demás y de nosotros mismos condiciona nuestros estados de ánimo y nuestra conducta.

¿Cómo nos afecta la agorafobia y cuándo pedir ayuda psicológica?

Entre otros aspectos, la agorafobia suele cursar con estados depresivos y ansiosos, afectando a la autoestima y el autoconcepto. También suelen aparecer limitaciones funcionales, tanto a nivel interno y comportamental, como a nivel de interacción personal y social, y es cuando comienzan a aparecer este tipo de disfunciones en este tipo de casos, cuando es aconsejable pedir ayuda psicológica.

¿Cómo tratar la agorafobia?

Un abordaje terapéutico de la agorafobia como trastorno de ansiedad, sin tener en cuenta los elementos disfuncionales asociados, sería claramente insuficiente. Por ello, desde el GrupoVOLMAE, consideramos los modelos que llevan implícito el trabajo con todos los elementos personales que se han visto afectados, no en sí como síntomas clínicos, sino como disfuncionalidades necesitadas de un afrontamiento psicoeducativo. De forma que permita a las personas afectadas de agorafobia una mejora en su capacidad para afrontar las situaciones de su vida diaria, mejorando las probabilidades de un pronóstico de recuperación futura.

Así, desde GrupoVOLMAE planteamos programas cuyo objetivo principal es potenciar aquellos cambios positivos asociados a la mejora de cada una de las áreas afectadas por la agorafobia. En esta linea se presenta como fundamental el papel que las personas cercanas desempeñan para ayudar al/a agorafóbico/a, considerándolo/a de suma importancia.

¿Cómo pueden los familiares ayudar en el tratamiento de la agorafobia?

Un abordaje terapéutico de la agorafobia basado exclusivamente en los síntomas clínicos sería igualmente insuficiente. Por ello entendemos que la persona que padece agorafobia suele depender en gran medida de otras personas para salir aunque en ocasiones no sepan muy bien cómo actuar.

Como hemos comentado el problema aparececuando esta dependencia se convierte en un hábito. Hábito al que es difícil oponerse yque con frecuencia las personas que la acompañan potencian y fomentansin darse cuenta, puescon seguridad lo hagan con la mejor de las intenciones. Desde GrupoVOLMAE, incidimos en el apoyo y acepcación incondicional a la persona, pero no de la agorafobia y las consecuencias negativas de los comportamientos agorafóbicos. Para ello, orientamos y fomentamos la ayuda a la personasy a su entorno para que favorezcan las conductas que le permitan afrontar y salir de su zona de confort, aún cuando parezca que el cambio se produce lentamente. Por ello, defendemos la regla de oro que es: “Intentar no abandonar la situación hasta que el miedo haya disminuido”.

La culpabilidad es probablemente uno de los sentimientos más inútiles y que menos pueden ayudar a la recuperación de la persona afectada por la agorafobia. Por ello, es importante reforzar cada logro que consigue y demostrar que confías en sus capacidades para superar las situaciones a las que debe enfrentarse.

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