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Puede ocurrir que, en algunas ocasiones, ciertos pensamientos automáticos recurrentes nos desborden cuando nos sorprendemos haciendo interpretaciones de que las sensaciones corporales que percibimos son en realidad la incipiente realidad de una grave enfermedad. En ese momento nos bombardeamos con mensajes como:

  • Los cambios corporales son siempre un signo de que algo anda mal.
  • La causa más frecuente de no sentirse bien es tener una enfermedad seria.

A partir de esos pensamientos automáticos la sintomatología que experimentamos nos genera ciertas sensaciones intensas y desagradables que, de forma automática, puede abocarnos a una actitud fóbica frente a nuestras molestias, y nos hacen creer que son el inicio de una serie de enfermedades graves, muy graves. En ese momento podríamos caer en las garras de la hipocondríasis.

La hipocondría podría considerarse en esencia como una actitud que el individuo adopta ante la enfermedad, focalizando toda su atención en sus funciones básicas fisiológicas. Pudiendo encontrar cualquier detalle que puede ser interpretado como fuente segura de enfermedad.

Esta actitud hipocondríaca podría ponerse en marcha cuando por diferentes circunstancias de la vida hacemos asociaciones, cursando con un miedo desmedido a la muerte, al dolor, al sufrimiento o a la debilidad e incluso a la dependencia de otros.

La característica esencial del hipocondríaco es la preocupación y el miedo a padecer o la convicción de tener una enfermedad grave a partir de la interpretación personal de alguna sensación corporal o cualquier otro signo que aparezca en el cuerpo.

Vamos a señalar algunos ejemplos. Imaginemos que tenemos un pequeño lunar o una pequeña herida de aspecto extraño o distinto, o que tosemos de forma inhabitual o incluso que percibimos nuestros latidos del corazón, los movimientos involuntarios o las sensaciones físicas de manera no muy clara. Independientemente de que mi médico e incluso los datos de mi analítica me aseguren que no tengo nada, mi actitud hipocondríaca solamente me deja tranquilo un pequeño espacio de tiempo, ya que rápidamente buscaré la seguridad de que no pasa nada, pero la preocupación volverá de nuevo entrando en un circulo vicioso interminable.

Este trastorno, no es que sea hereditario, pero su predisposición, afecta a menudo a ambientes familiares. Hay familias que son especialmente sensibles y están muy inclinadas hacia la interpretación de los signos de enfermedad en todos los ámbitos de la vida. De esta forma, los miembros de la misma familia aprenden a interpretar negativamente cualquier signo corporal y lo asocian con angustia, miedo o ansiedad, interpretando de forma catastrófica los signos corporales más ínfimos por parte del individuo que son los mecanismos que desencadena la hipocondría.

De todas formas, en un principio, no es adecuado descartar inicialmente que una persona hipocondríaca esté realmente enferma. Lo haremos cuando los diferentes estudios y analíticas lo descarten. También tendremos en consideración las posibles reacciones psicosomáticas que se producen cuando la persona con hipocondríasis centra su atención emocional en determinadas funciones biológicas, llegando a provocar verdaderas reacciones y síntomas orgánicos, haciendo que síntomas leves derivados de situaciones anticipatorias o imaginarias (mareos, dolor de cabeza, etc.) se conviertan verdaderamente en importantes.

Respecto al tratamiento, estamos ante un trastorno asociado muy a menudo con la ansiedad, por lo que como ya hemos comentado, el principal síntoma de la hipocondría es la preocupación exagerada que se suele sentir por su salud. En algunos casos, se utilizan psicofármacos inicialmente para controlar los síntomas ansiosos tan importantes que padecen estos pacientes. Desde grupoVOLMAE consideramos que un tratamiento altamente efectivo para el tratamiento de la hipocondría, en el que se esté constantemente rumiando sobre los síntomas, ya sean reales o imaginarios, es el afrontamiento psicoterapéutico desde la terapia cognitivo-conductual. Este conjunto de técnicas han demostrado su eficacia al promover la reducción de la angustia y el miedo a la enfermedad y al ayudar a reinterpretar y a afrontar con éxito los diferentes problemas y vicisitudes que desbordan la vida del hipocondríaco.

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