El juego en sí, es una actividad lúdica que cumple una serie de funciones fundamentales para el aprendizaje, el desarrollo psicológico, la adaptación social o la propia estabilidad afectiva. Pero en los juegos de azar, como son en este caso las apuestas, cambia la cosa. Estos juegos son azarosos, es decir, no depende de estrategias ni de habilidad del jugador. Se basan en las leyes de la probabilidad, por tanto, son impredecibles. Y además, el refuerzo que se recibe es externo, es la recompensa externa la principal variable que mantiene las elevadísimas tasas de conducta.

La adicción a las apuestas se crea por el conjunto de variables sociales y culturales, por las características en si de los juegos de azar y por variables personales. Algunos de los factores que intervienen en la adicción la gran accesibilidad a éstas actualmente. En los últimos años han aumentado a pasos agigantados las casas de apuestas o la facilidad que existe al acceder a cualquier página web de apuestas a través de Internet. En segundo lugar, la inmediatez de la recompensa y el programa de reforzamiento parcial de razón variable, es decir, que unas veces se gane y otras veces no, hace que se consolide la conducta. Después de jugar y perder, las probabilidades de que se gane aumenta en la próxima apuesta. De hecho, se suele pensar “A la próxima me toca”. Sesgos cognitivos e ilusión de control, que son otros factores que hacen que se cree la alta dependencia. Por último, el refuerzo negativo que se produce tras la acción de jugar también hace que se cree la adicción. Es decir, si se hace una apuesta a un caballo. Cuando esta corriendo, la actividad fisiológica se incrementa y tras saber el resultado se reduce el malestar emocional.

El perfil psicológico de la persona con dependencia al juego y/o a las apuestas, tendría bajo control de los impulsos y baja resistencia a la frustración, déficit de solución de problemas, falta de habilidades, búsqueda de nuevas sensaciones valores materiales, con el juego se puede obtener dinero fácil y según la publicidad, la felicidad. En ocasiones, se utiliza como una estrategia de afrontamiento desadaptativa.

El número de apostadores/as adolescentes se ha incrementado notablemente en los últimos años. La adolescencia es una fase en la que se buscan nuevas sensaciones, se actúa con más impulsividad, se siente malestar, se está formando su personalidad. Esto más la gran accesibilidad a Internet, hace que sean más vulnerables frente al juego y las apuestas.

Las consecuencias a corto plazo la adicción a las apuestas es que disminuye la comunicación, se le presta menos atención a las amistades, las personas se aíslan, se dedica mucho tiempo a las apuestas o a pensar en ellas, hay cambios de humor o irritabilidad, o incluso se producen estafas o robos para conseguir dinero para seguir apostando. Y esto no es lo peor, si se mantiene en el tiempo se puede sufrir de ansiedad, depresión, se pueden quedar solos o llegar a tener enormes deudas y llevarles al suicidio.

Si detectas que empiezas a dedicar mucho tiempo a las apuestas o al juego y dejas de hacer las actividades que te gustan o de salir con los/as amigos/as o eres capaz de hacer cualquier cosa para conseguir dinero para jugar, busca actividades placenteras que te distraigan, no pases por lugares que te inciten al juego o te juntes con personas que lo hagan, sal con tus amigos y amigos. Si todo esto te cuesta, busca ayuda de un profesional. En grupoVOLMAE podemos ayudarte.

  

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