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Con esta entrada inicio una serie de reflexiones “profesiopersonales” sobre el mundo de la adopción. La adopción de menores… ahora olvidada al caer la avalancha de solicitudes que crecía año tras año, no debe ser dejada de lado, porque los niños y las niñas siguen ahí, creciendo, con sus dificultades, con sus alegrías, con sus particularidades.

Antes que nada, decir que soy profesional de la adopción, desde hace más de 10 años, y también padre adoptivo. Así se podrá juzgar lo que digo desde ambas perspectivas. No pretendo ser crítico con la adopción, pero seré muy duro. No pretendo herir sensibilidades, pero las heriré, seguro. No pretendo generalizar, pero será necesario hacerlo.

En fin, tendremos que ver las reacciones de la gente y analizarlas desde un punto de vista crítico, aceptando todas la opiniones. Mi intención: generar debate.

Para comenzar, es importante tener en cuenta que actualmente existe una visión idílica de la adopción internacional, fomentada desde los medios de comunicación y, también, desde las asociaciones de familias adoptivas. Sin embargo, ya están comenzando a aparecer voces críticas sobre este fenómeno, precioso en su origen, pero con una terrible cara oculta. Allá por los años 2004-2005 yo ya decía en mis círculos privados: “madre mía, la que se nos viene encima”.

¿Y por qué? Pues porque en España, com nuevos ricos, comenzamos a adoptar masivamente, sin experiencia previa, con controles muy “laxos” sobre las familias, sin analizar las situaciones que habían vivido países con decenas de años de experiencia. En una jornada a la que asistí, una representante de una región de Italia explicó el proceso que se seguía en su país y concluyó que llegaban a adoptar un porcentaje bajísimo de los que se interesaban inicialmente por el tema. El proceso que describió era tal que las propias familias se iban autodescartando, de forma muy sensata, en un proceso prolongado de “reflexión guiada”. Aún así, el 5% de las adopciones fracasaban (los menores tenían que ser tutelados por los Servicios Sociales). No era un proceso para “aterrorizar a las familias” como frecuentemente han acusado las asociacones de familias adoptantes a las Administraciones Públicas en España, sino un proceso de reflexión personal, detenido, sin prisas… En España adoptan más de 90% de los que inician el proceso (son idóneos más del 95%, dependiendo de las regiones).

Qué consecuencias tiene esta adopción masiva que hemos vivido en la última década: no podemos preverlo, pero vamos teniendo pinceladas de lo que está ocurriendo. Los recientes estudios sobre la adopción internacional están dibujando un panorama futuro que, desde nuestro punto de vista, no es todo lo positivo que cabría esperar. Se habla de cifras “bajas” de ruptura (en torno al 2%), pero no se habla del porcentaje oculto de pseudorupturas o de las familias que viven su proceso adoptivo desde una atmósfera permanente de malestar o conflictividad (familias en las cuales se convive, pero no existe un vínculo emocional entre sus miembros). En esos casos, los problemas estallan en la adolescencia y provocan en la edad adulta la separación definitiva.

El boom de la adopción internacional, ha supuesto una sobrevaloración de los aspectos positivos de este proceso de protección de menores, obviando la experiencia europea y estadounidense en torno a la adopción y no teniendo en cuenta las dificultades con las que se encontrarán las familias adoptivas, los menores y, por extensión, los propios servicios públicos de protección de menores (Berástegui, 2003).

Esta situación justificaría la existencia de servicios postadopción (servicios de prevención secundaria o terciaria), aunque nuestra propuesta de intervención se centra más en la prevención primaria. Somos de la creencia clara que, aunque sea importante e imprescindible crear servicios para aquellos casos que lo requieren, es más importante si cabe, evitar al máximo el riesgo de nuevos casos.

Al haber gestionado personalmente el servicio de postadopción de la Junta de Comunidades de Castilla La Mancha durante año y medio he podido constatar las dificultades con las que se están encontrando un porcentaje de familias elevado. Algunas de estas familias ya han concluido el proceso con medidas de protección, otras muchas, más de las deseables, están “ocultas”, sin reconocer las dificultades, pero con graves conflictos de convivencia.

Pero ¿por qué llegamos a esta situación? La próxima entrada abordaremos ese punto, viendo la adopción internacional como un fenómeno social.

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