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No es ninguna sorpresa comenzar diciendo que las cosas han cambiado mucho, y siguen cambiando a pasos agigantados si nos referimos a la educación y crianza de hijos e hijas. Los nuevos modelos familiares, la dificultad de conciliación, la incorporación a la sociedad de “menores tecnológicos” como nunca se había visto, así como las posibilidades educativas y tecnológicas que están al alcance de padres y madres. Con todos esto, la percepción de los comportamientos en la infancia y los problemas detectados por parte de profesionales de la educación y de las familias están variando, la sensibilidad es mayor en la detección, por lo que se están realizando más diagnósticos precoces en la etapa infanto-juvenil. Desde el marco cognitivo-conductual se aborda el concepto de la conducta anormal en la infancia considerando los determinantes y principios de adquisición, mantenimiento y cambios en las conductas desadaptativas, esto es, lo que no esperamos que haga ese niño o niña ante esa determinada situación, o lo que nos preocupa que no sea capaz de hacer. Para considerar una conducta desadaptativa, los especialistas en psicología infanto-juvenil exploramos tres variables: una, que las conductas se presenten con una frecuencia considerable, la intensidad, la temporalidad y su adecuación al contexto; dos, que dicha conducta bloquee la evolución saludable del menor; y tres, que el niño o niña tengan un perjuicio en algunos de sus ámbitos (sobre todo el escolar y el socio-familiar).

Pero, ¿qué son? En VOLMAEsalud nos encontramos problemas de la conducta que tienen que ver con miedos, ansiedad (ansiedad por separación), fobias (escolar, social…), trastornos de la comunicación, desobediencia (sin normas y límites), agresividad, autismo, hiperactividad y problemas de atención, bajo rendimiento escolar, entre los más comunes.

La desobediencia y la conducta agresiva en la infancia y preadolescencia (negativismo desafiante) son dos de las principales quejas procedentes del ámbito educativo, apareciendo con frecuencia ambos unidos, y que cuando se extienden al ámbito familiar conviene abordarlas lo antes posible. Es importante recordar que los menores aprenden conductas que ven en casa, el hogar es una escuela, y ahí es donde gritan si oyen gritar, pegan sin ven pegar, etc. y esto conforma la personalidad del niño o niña.

Una vez detectados los problemas, las técnicas que se demuestran más eficaces están basadas en las técnicas cognitivas, modelado, desensibilización sistemática, exposición, modelado, aplicándolas desde el trabajo multidisciplinar de psicólogos infantiles, pediatras, maestros y maestras, etc.

Algunos de lo consejos que se pueden ofrecer para prevenir o para detectar serían los siguientes: no sobreproteger, no comparar, educar de forma responsable (uso de móviles y tabletas a modo de “cuidadores”), informarse de la mano de profesionales especializados (no por internet), ser un ejemplo y dedicarles más tiempo. Educa desde el ámbito familiar en libertad, participación e igualdad, con comunicación constante, alabando las conductas positivas, no etiquetes (eres “malo”), o acabará desarrollando conductas acordes a su etiqueta, que es lo que pensará que se espera de él o ella, sé proactivo y prevé posibles problemas de conducta, avisa de los tiempos para no generar ansiedad, y de este modo recordará normas establecidas, calendarios u otros y no se generará conflicto.

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