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Hola mamá, hola papá, os escribo aquí lo que en persona no soy capaz de deciros.

Os separasteis hace ya tres años, y ya se que no volveréis a estar juntos, aún así yo sigo soñando con la idea de que un día volveremos a vivir los tres bajo el mismo techo, porque de no poder estar con los dos a la vez y aún encima tener que ir de una casa a otra no me gusta nada, ya me empiezo a acostumbrar a tener dos cuartos, y en cada uno de ellos “mis cosas diferentes”, pero en realidad me gustaría tener uno solo, uno solo donde estuvieran todas mis cosas, toda mi ropa, uno solo donde os pudiera tener a los dos cuando os necesito… odio no poder estar con los dos, odio la mochila, odio despertarme por la noche y pensar en que casa esto, lo odio.

Me dijisteis que os separabais porque discutíais mucho y porque era lo mejor para todos, sobre todo para mi, pero después de estos años yo creo que me mentisteis. Apenas os habláis, y si lo hacéis no es precisamente para saber como estáis, me duele cuando oigo de vosotros “dile a tu padre que no haga lo de siempre y que no te traiga a las mil” o “tu madre siempre tiene que llevar la voz cantante, perro malo nunca muere”, me duele porque os amo, os amo con locura, y ni siquiera puedo decirlo. Cuando os hablo del otro, algo que hemos hecho juntos me miráis con una cara que no entiendo bien que significa, pero se que no es felicidad o alegría, y me da miedo contaros del otro algo que no me haya gustado, una discusión, o simplemente que me he aburrido, porque cuando lo he hecho ha provocado que os enfadéis y que discutáis con él, por lo que he decidido no contar nada, ni bueno, ni malo, así no tendré ni caras raras ni enfados por tonterías.

A mis amigos les parece muy guay que mi cumpleaños se celebre dos veces, pero yo lo odio, me gustaría celebrarlo una vez, y que en esa celebración estuvierais todos, papá, mamá, los abuelos, los tíos, mis amigos… me gustaría que además de estar todos pudierais hablar entre vosotros como la mayoría de las personas lo hacen, tranquilamente, no se…sería tan maravilloso. Todo esto sin contar con la de veces que me pedís que sea yo la que decida cuando entre vosotros dos no os aclaráis, por ejemplo cuando me toca un fin de semana con uno, pero es el cumpleaños de un primo con el otro, y me decís ”¿qué quieres hacer?”, ¿qué queréis que os diga? Siento que diga lo que diga voy a meter la pata!! rechazaré a uno de los dos, y no quiero, no quiero.

En el colegio estoy harta de que la profesora me pregunte quién vendrá a la reunión de padres, ¿y yo qué se? O que uno de vosotros me diga porqué no le he avisado de que había una reunión de padres u otra cosa, ¡no lo hago aposta!, como las notas ¿a quién se las doy para que me las firme? Siento que si se las doy a mamá, papá pensará que la prefiero a ella, y si se las doy a papá lo pensará mamá. Cuando hay que pedir permiso para un viaje lo mismo, mis amigas no necesitan el permiso de los dos, pero yo os lo tengo que decir a los dos… estoy cansada.

También estoy harta de oíros hablar mal del otro, pensáis que yo estoy a lo mío, pero no, cuando habláis con los abuelos o los tíos, o con algún amigo por teléfono, y sobre todo cuando lo hacéis estando yo delante, me entero de todo, criticáis lo mal que me cuida el otro, o las cosas que ha hecho, y se me pone una cosa en el estómago que no me gusta nada, me dan ganas de irme, de irme lejos, porque yo estoy bien con los dos, me siento a gusto con los dos.

Papá y mamá, si realmente me queréis pensar en mi antes de hacer estas cosas.

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Esta es una carta real de una niña de 12 años a sus padres, los cuales llevaban separados tres años. Su padres, como todos, la amaban con locura, pero ciegos por el enfado asociado a la ruptura, por la cabezonería de llevar la razón, por el hecho de demostrar ser el mejor padre/madre, estaban dañando a su hija sin darse cuenta, pensando que la protegían, quitándole importancia a muchos comportamientos y comentarios que lo tienen, responsabilizándola de tomar decisiones, en definitiva, estaban ciegos para mirar con los ojos de su hija, hasta el punto de que pensaban que el malestar de la menor era por culpa del comportamiento y educación del otro.

Si te estás separando o te has separado párate a pensar antes de actuar o decir nada, ponte en el lugar de tu hijo/a, y valora las consecuencias que tendrá para él/ella. Su bienestar actual, y lo que aprenda ahora para manejarse en el mundo, marcará la raíz de como actuará y será cuando sea mayor. No seas el/la primero en condenarle o condenarla a una vida emocionalmente dolorosa o insegura.

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