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Los seres humanos somos seres sociales por excelencia.

La base de nuestra estructura social ha sido y, en mi opinión, sigue siendo la familia. En este entorno familiar o de vinculación por pertenencia o amistad, favorecemos la comunicación y la percepción de seguridad que nos permite interaccionar con otros grupos, crecer y evolucionar. Considero que estos procesos son los que nos han permitido ser lo que somos.

Nuestra sociedad se encuentra en continuo cambio y ha sido el entorno social lo que nos ha permitido evolucionar y crecer.

Esta continua evolución conlleva a su vez cambios en los valores y en las percepciones que se tienen de estos. Actualmente, hemos encontrado nuevas formas de comunicarnos, más ágiles y más rápidas, herramientas que nos posibilitan conectar con todo tipo de personas independientemente de la distancia, permitiéndonos incluso hacer nuevas amistades.

Sin embargo, las nuevas tecnologías no nos garantizan el poder evitar la sensación de soledad que en muchas ocasiones nos invade, y en estos tiempos de pandemia, donde nos vemos tan expuestos a confinamientos y a distancias sociales, se hace más palpable. En esos momentos nos hacemos conscientes de que aprender a afrontar la soledad es muy importante, ya que no es lo mismo estar solo/a que sentirse solo/a.

Llegado este punto me gustaría que reflexionásemos brevemente sobre el dilema sobre la soledad no deseada o la soledad impuesta.

Hay momentos en la situación vital de una persona en los que necesitamos de la soledad, nos ensimismamos y esto nos permite ser conscientes de nuestro diálogo interno, permitiéndonos crecer y dibujar nuestros objetivos y escudriñar cómo podríamos alcanzar las alternativas de las que nos hemos hecho conscientes.

En otros momentos la percepción de soledad nos genera sufrimiento y daño emocional, pudiendo llegar a provocar en uno mismo un estado en el que sentimos que la situación nos desborda.

Son esos momentos en los que percibimos que no somos capaces de conectar con los demás, o situaciones en las que la soledad nos viene impuesta por la vida, la muerte, nuestros miedos, nuestra timidez, etc.

Llegado ese momento nos podemos preguntar sobre qué hacer, qué conductas emitir para que la situación no nos desborde.

Como podréis imaginar, son muchas las alternativas que podemos poner en marcha, tantas como personas perciban esta situación.

Vamos a recordar una serie de pautas muy generales que en esos momentos nos pueden ayudar a afrontar de forma adecuada la soledad no deseada.

En un principio considero que puede ser adecuado hacernos una lista o incluso un repaso mental sobre nuestros refuerzos positivos, haciéndonos conscientes de nuestros gustos y hábitos, potenciando todos aquellos que nos refuercen y hagan sentir bien, con objeto de ocuparnos en hechos que nos provocan bienestar, y de esta forma lograr reducir el sufrimiento que suele generar la soledad impuesta.

Aprovechando esta actitud activa, llama por teléfono o ponte en contacto con tus conocidos/as y amigos/as e incluso, si la situación te lo permite, visítalos y queda con ellos/as a tomar algo para volver a interaccionar y fomentar la comunicación tanto verbal como no verbal. En todas las interacciones que mantengas trata de ser amable y educado/a. Aunque tengamos que utilizar mascarillas y mantener distancias con los/as demás, podemos seguir disfrutando de su compañía.

Si la situación no te permite visitar físicamente a tus amigos/as y conocidos/as, organiza videollamadas con ellos/as y planificad distintas actividades telemáticas. Hay diferentes utilidades, como por ejemplo Netflix Party o Teleparty, una extensión de Google Chrome, que nos permiten ver con más personas una película o serie (siempre y cuando todos/as tengamos cuenta de Netflix). Otra idea podría ser esta Web que nos permite jugar de forma online a juegos de mesa, pudiendo realizar esta actividad con amigos/as mientras hablamos con ellos/as por videollamada.

También es importante expresar tus sentimientos. Si aún no te atreves, hazte un diario o un pequeño esquema y escríbelos, para ello puede ser más sencillo apoyarte en tus familiares y amigos/as mas íntimos/as, y en estas ocasiones permítete hablar con ellos/as de tus sentimientos.

No dejes de acudir a los eventos sociales con los que disfrutas a medida que estas actividades se vayan permitiendo y se puedan realizar con seguridad, como el cine, el teatro y todos aquellos que te permiten interaccionar con personas facilitando la comunicación.

Mándate auto instrucciones que motiven tu conducta, recordando que son el ocio y las actividades recreativas que te mantienen ocupado las que pueden ayudarte a romper los pensamientos negativos recurrentes.

Puedes utilizar múltiples estrategias que te permitan la interacción y la comunicación con otros/as, como pueden ser las redes sociales, siempre que las utilices de forma adecuada, e incluso tus mascotas que además de ayudarte a mitigar la soledad, te permiten interaccionar con otras personas.

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