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Imagina que quiero comprar un coche. No conozco mucho sobre marcas de coches y nunca me había preocupado por los coches, pero ahora necesito uno. Sé lo que necesito, sé lo que me hace falta y quiero pagar lo justo por un coche que cubra mís necesidades.

Ahora vienen dos vendedores, cada uno me va a vender su coche.

El comercial uno se presenta con un chandal sudado. Dice que viene de hacer deporte. Nos dá un folleto del coche que dice que es buenísimo, y que tiene un montón de caballos de potencia. En el folledo, que se le ha arrugado un poco, -viene de hacer deporte- dice lo mismo, pero no da muchos datos. No hay fotos y no se entienden muy bien las características del coche. Cuando le pregunto por el coche, vuelve a repetir lo bueno que es y de los muchos caballos que tiene. Dice que necesita venderlo, que necesita el dinero rápido., que le haga un favor. Cuando volvemos a preguntarle detalles concretos sobre el coche, duda y no nos aclara nada. En ocasiones se calla. Aunque diga que necesita venderlo, no pone mucho interés en el coche. No conseguimos saber cuantos km tiene de forma exacta, ni cuando cambió la última vez las ruedas (dice que están bien, perfectas). Cuando le hablamos de que necesitamos una silla para niños, nos dice que eso no hace falta y que es una tontería o que la compremos, que es nuestro problema.

El comercial dos se presenta bien vestido. No es que sea muy guapo pero muestra una imagen profesional. Nos presenta un folleto en color del coche que quiere vendernos, donde se hace un resumen claro de sus características. Trae una foto y se ve limpio y bien cuidado. (Es rojo, ¡me encanta!). Cuando le pregutamos sobre las caracteristicas del coche, nos facilita con claridad y detalle lo que le preguntamos. Él nos pregunta sobre lo que necesitamos y nos dice hasta qué punto el coche va a cubrir esas necesidades. Nos dice los kilómetros que tiene y nos dice los que todavía podríamos hacer sin problemas. Nos habla de cuando cambió las ruedas y lo que le preocupa que el coche siempre esté en buen estado. Nos habla de su plan de inspecciones y del taller oficial al que lo lleva de forma habitual. Cuando le pedimos la silla de bebes, nos habla de que no estaba incluida en el precio del coche, pero que puede ponerla ya que lleva anclajes isofix. Al preguntarle que es eso, nos lo explica con claridad.

Yo no entiendo de marcas, pero el Mercedes que me intentaba vender el primer comercial, no me ha convencido mucho. La verdad es que el Seat del segundo comercial parece que es lo que yo necesito. Además, la verdad es que no se por qué, pero el segundo, comercial me ha caido mejor. Parece que conectamos.

Ahora solo hay que pensar, que yo en vez de un coche necesito un trabajador o trabajadora para mi empresa, que no conozco mucho de eso de la selección de personal, pero sé lo que necesito. Y el comercial uno y dos (en realidad, los candidatos) venían a venderme su coche (su candidatura, su valía al puesto) con su folleto (su currículum) y que hemos tenido esas entrevistas. ¿Hace falta que siga con la analogía?. Como dice mi abuela, ¡aplícate el cuento, que al final es mucho mejor un Seat que un Mercedes… como no lo sepas vender!

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