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Uno de los motivos de consulta más frecuentes en psicología familiar aparece cuando los hijos e hijas preadolescentes comienzan a desafiar normas, ignorar límites y discutir cualquier consecuencia. Muchos padres y madres describen la misma sensación: “antes nos hacía caso y ahora todo es una batalla”. Y esto afecta a la estabilidad de la familia, a la propia relación de pareja que se ve afectada por los problemas constantes, la ansiedad casi diaria proveniente de problemas y conflictos demasiado frecuentes y/o repetitivos. 

Este cambio no significa necesariamente que el o la adolescente sea “problemático”. La adolescencia es una etapa de búsqueda de autonomía, construcción de identidad y cuestionamiento de la autoridad. Sin embargo, cuando el desafío se vuelve constante y las normas desaparecen, la convivencia familiar puede deteriorarse rápidamente. 

Muchas de estas dinámicas se mantienen por patrones de interacción que, sin querer, refuerzan el conflicto y que hay que tener presentes: 

No confundir firmeza con dureza

Uno de los errores más comunes es pasar de la permisividad a la explosión de autoridad. Frases como “¡se acabó, aquí mando yo!” suelen aparecer cuando los padres y madres están agotados, superadas. 

Sin embargo, la eficacia educativa no depende de gritar más fuerte, sino de mantener normas claras, pocas y consistentes, y sobre todo, la constancia, porque la no constancia de la norma y el límite es lo que hace que todo vuelva a lo de antes… 

Los y las preadolescentes necesitan saber tres cosas:

  • Qué se espera de ellos y ellas. 

  • Qué ocurre si cumplen.

  • Qué ocurre si no cumplen.

Cuando las normas cambian según el día o el estado de ánimo de los padres y madres, es cuando los hijos e hijas aprenden que discutir o insistir puedenhacer que la norma desaparezca, o ignorarla, o simplemente mofarse pensando que se exajera. Esta actitud lleva al fracaso seguro, hay que cortarla. 

Evitar entrar en el juego de las discusiones interminables

Muchos hijos e hijas han aprendido una estrategia muy eficaz: discutir o insistir hasta que el que considera es el padre o madre se cansen. 

Desde el análisis conductual sabemos que, si una conducta (discutir) consigue a veces su objetivo (evitar la norma), esa conducta se fortalece.

Por eso, una recomendación clave es no negociar en medio del conflicto. La norma debe comunicarse con calma y sin largos debates: 

«Esta noche la hora de llegada es a las 11. Si no se cumple, mañana no habrá salida.» 

Después, la clave está en no entrar en provocaciones ni discusiones circulares, cosas que están habladas en numerosas ocasiones. 

Las consecuencias deben cumplirse siempre

Las amenazas educativas que no se cumplen son uno de los mayores reforzadores de la desobediencia.

Cuando un o una preadolescente escucha muchas veces “como hagas eso te quedas sin móvil o PC”, pero nunca ocurre realmente en la medida real de la consecuencia, aprende que la consecuencia no es real, o peor, aprende a que “le renta” hacerlo porque el castigo es corto, compensa. 

Las consecuencias eficaces tienen tres características:

  • Claras 

  • Proporcionales 

  • Aplicadas siempre 

La coherencia de los adultos genera seguridad psicológica, aunque el o laadolescente protesten.

Reforzar lo que sí funciona

En muchas familias la interacción gira casi exclusivamente en torno a los conflictos. Sin embargo, el comportamiento también se modifica reforzando las conductas adecuadas. 

Algo tan sencillo como reconocer conductas positivas cambia mucho la dinámica familiar:

«He visto que hoy has llegado a la hora acordada. Gracias por respetarlo.» 

Este tipo de refuerzo aumenta la probabilidad de que la conducta vuelva a ocurrir.

Cuando el conflicto se instala, buscar ayuda profesional

Si las discusiones son diarias, el clima familiar está muy deteriorado o el o la preadolescente rechazan cualquier norma oi límite, puede ser el momento de pedir orientación psicológica.  

 

La intervención desde la psicología cognitivo-conductual infanto-juvenil ayuda a las familias a: 

  • Establecer normas eficaces

  • Aprender a manejar conductas desafiantes

  • Mejorar la comunicación familiar

  • Reducir el desgaste emocional de los padres y madres 

En nuestros centros de Psicología Integral trabajamos con familias y adolescentes ayudando a reconstruir la autoridad educativa sin perder el vínculo afectivo. 

Porque poner límites no significa alejarse de los hijos e hijas, sino enseñarles a convivir con normas que les preparen para la vida adulta. 

Cuando las familias cuentan con estrategias adecuadas, el conflicto puede transformarse en una oportunidad para crecer juntos, fortalecer la relación y afienzar tanto a pareja como a la familia.

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