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El nacimiento de un bebé es un momento único en la vida. Los meses previos pueden ser un “polvorín emocional”, una montaña rusa que desencadena emociones intensas y extremas, pasando desde la euforia, alegría e ilusión hasta el miedo, agobio y la ansiedad. Sin embargo, puede provocar algo a priori inesperado: depresión.

Después del parto pueden venir unos días, semanas o meses complicados. Para los que la madre o el padre pueden no estar del todo preparados. Todo cambia de golpe, y aunque podíamos anticipar todos esos cambios, nada tiene que ver con vivirlo en primera persona.

La maternidad es un viaje sólo con billete de ida.

Llegamos a casa con el bebé, empieza a acumularse el cansancio, las preocupaciones entorno a su bienestar, atender a sus necesidades, “acoplarse a esta nueva vida de la que no sé nada”, las obligaciones de la casa, visitas de familiares y amigos (las indicaciones o consejos que estos puedan darnos)… etc. Y todo esto es especialmente duro para la madre, puesto que la maternidad implica un capítulo totalmente nuevo y único en su vida, un salto en el camino hacia la relación materno-filial, en la que hay que encajar una nueva realidad en poco tiempo.

En todo este trayecto de ser padres, se mezclarán nuestras vivencias de la infancia y la relación con nuestra propia familia. Un recorrido en el que dejamos de ser hija o hijo para convertirnos en madre o padre. Es en todo este proceso en el que la madre tiene que sumar, además, las dificultades propias del parto, del inicio de la lactancia (que en muchas ocasiones no es tan fácil como se espera o nos gustaría) y la recuperación física (que será más dura cuanto más complicado haya sido el parto).

Este proceso será un viaje de crecimiento y lleno de desafíos.

A la madre le habían dicho que este sería el momento más feliz y maravilloso de toda su vida, pero de repente pueden empezar a surgir una serie de emociones que podrían sorprenderla: tristeza, melancolía, agobio, incluso dudas sobre si haber tenido el bebé ha sido una buena idea. Esta transición puede conducir a la madre a una mayor madurez o hacia una depresión si los mecanismos de afrontamiento y apoyo no funcionan correctamente.

Puede aparecer sensación de incompetencia, incapacidad o incomprensión por otros, especialmente por la pareja. Este proceso denominado “tristeza posparto” es frecuente (se estima que lo llegan a experimentar más de tres cuartas partes de las madres), y se puede considerar normal, no requiriendo tratamiento, ya que esos síntomas suelen ser de intensidad leve-moderada y remiten de manera espontánea en un corto período de tiempo. Esto nada tiene que ver con la depresión posparto.

¿Qué es la depresión posparto?

Anteriormente hablábamos de la “tristeza posparto”,y de como esa sintomatología desagradable se difumina en un corto período de tiempo de forma natural. Pero hay otros casos, entorno a un 10 – 15 % en los que estas sensaciones se mantienen o incluso se agravan y acrecientan. Es ahí cuando hablamos de depresión posparto.

La depresión posparto es una alteración del estado anímico caracterizado (entre otros) por una profunda tristeza, sensación de ansiedad, irritabilidad, cambios de humor, sensación y pensamientos de inutilidad, apatía, cambios internos, alteraciones en la alimentación, cambios en el ciclo sueño-vigilia, angustia, falta de voluntad y concentración.

Al hablar de depresión posparto hablamos de un problema más grave que necesitará de intervención profesional (ya que si no se interviene tiende a cronificarse), para realizar una valoración individualizada de la situación particular de cada madre y crear una intervención “a medida”.

Aunque se habla de “postparto”, en ocasiones esta agudización sintomatológica puede aparecer a partir del segundo mes y durante el primer año tras el nacimiento del bebé.

Magnificación

En el caso de la depresión posparto las emociones y sentimientos subyacentes (tristeza, desesperación, agobio, angustia… etc) pueden ser tan intensos que incapacitan a la madre para poder desenvolverse con soltura y mantener una rutina.

Por suerte la terapia psicológica es muy efectiva en el manejo de esta sintomatología. También existen fármacos antidepresivos que pueden administrarse en esta situación y son compatibles con la lactancia materna.

¿Por qué sucede?

Realmente no existe una causa concreta, no hay un por qué a la depresión posparto único e igual a todas las mujeres. Tenemos que entender esta complicación como una combinación de factores físicos (cansancio, falta de sueño, dolores, molestias tras el parto) y emocionales (se habla de las alteraciones hormonales tras el parto refiriéndose a rápida caída de los estrógenos y la progesterona).

La madre no es culpable de NADA

Todas las madres necesitan de comprensión y apoyo de su entorno en cualquier caso, pero si hablamos de depresión posparto, necesitarán ese acompañamiento en mayor medida. Si no se detecta, si no hay apoyo ni tratamiento adecuados, el impacto de estas enfermedades puede ser devastador.

Cuando realizamos un viaje en avión, si atendemos a la explicación del auxiliar de vuelo se nos explica que en caso de despresurización de la cabina, instantáneamente, descenderá una mascarilla por cada asiento y que en caso de que se viaje con un niño, lo primero que se debe hacer es ponerse la mascarilla a uno mismo para ponérsela, después, al niño. Asegurando la supervivencia de ambos, ya que intentamos poner la mascarilla al menor primero, nos podremos marear y desmallar, quedándonos sin mascarilla, con el riesgo que eso conlleva.

El autocuidado está muy mal visto, y muchas veces se tizna de egocentrismo. Que una madre se dedique tiempo, se atienda a sí misma, se cuide o satisfaga sus propias necesidades se ubica en el cajón de “mala madre”.

Sin embargo, en muchas ocasiones, la mayoría de madres que acuden a terapia por depresión posparto comparten algo fundamental. El haberse olvidado de sí mismas.

Es necesario que como madres se cuide de la salud mental propia para poder cuidar la de vuestros hijos.

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