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Releyendo un libro de terapia icónica, recordé una situación que ocurre que cuando estás haciendo psicoterapia. A veces, la persona que está experimentando un intenso malestar suele atribuirlo a sí misma o a terceras personas. Incluso en los casos más extremos ni lo uno ni lo otro y se produce entonces una falta de reconocimiento del malestar que puede enquistarse como una herida. (Herida que se enquista, no cicatriza). En cualquiera de los tres casos, podemos entrar en una espiral que no hace sino aumentar el malestar.

A saber, si nos culpamos a nosotro/as mismo/as de lo que ocurre nos lamentamos una y otra vez del mal sufrido. Se suelen hacer afirmaciones del tipo “soy un/a desgraciado/a” “todo me sale mal”, etc. Si, por contra, responsabilizamos a terceras personas, las afirmaciones son del tipo “la culpa es de…..estoy harto de…..” “se va a enterar..”, “no quiero saber nada de..” y generalmente, este tipo de frases alimentan la rabia y el enfado. Si ocurre que nos planteamos olvidarnos del tema, antes o después, el malestar volverá. Desde este planteamiento, podemos afirmar que cuando una persona está alterada emocionalmente podríamos decir que tiene tres direcciones en la que dirigir su atención: (1) hacia la lamentación por la frustración sufrida (culpándose), (2) culpando a los terceros y (3) hacia el olvido.

Sin embargo, hay otra alternativa diferente y es: ¿que puedo hacer con esto que me está ocurriendo?, o dicho de otro modo ¿como soluciono el malestar que tengo? Quizá la cuarta alternativa tampoco sea lo ideal pero pensar en solucionarlo no te genera nuevos problemas, sin embargo, las tres alternativas previas seguro que no solo no te ayudan sino que provocan nuevas situaciones que generan un nuevo malestar. Quizá con un ejemplo ayude mucho más a entender la situación.

Imagina que tienes una amiga forofa del Real Madrid, cuya máxima ilusión es ver un partido mítico en el Santiago Bernabeu: Real Madrid- FC Barcelona. Lo tiene todo listo; la entrada y tan solo le falta sacar el billete del metro que la llevará al estadio. De repente, un amigo la llama y le comenta que va a pasar por el campo de fútbol y la lleva en su coche puesto que de esa manera se va ahorrar el dinero del viaje. Tu amiga acepta encantada ya que de paso comenta la emoción del partido. Su amigo llega puntual y a tu amiga de la emoción se le olvida el móvil. Cuando van de camino hacia el estadio, el coche se queda sin gasolina y su amigo llevan el móvil sin batería. Imagina, tu amiga (la forofa) tiene ganas de golpear el coche, de gritarle a su amigo, o incluso se le pasa por la cabeza no ir al partido. Pero tu amiga es capaz de parar y pensar ¿cómo llego al estadio antes del inicio del partido? Se le ocurrieron diferentes alternativas tales como hacer autostop, recordar si había visto una gasolinera en el último kilómetro, etc. Finalmente, decidió que conseguir un teléfono para llamar a un taxi era más fácil de conseguir, así que se bajó del coche y encontró a una persona que al conocer la historia le facilitó su teléfono, con lo que nuestra amiga pidió un taxi y consiguió llegar al estadio justo a tiempo.

Pues eso, seamos capaces de parar y pensar.

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