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La desigualdad de género continúa siendo una realidad en 2020. La dinámica
del día a día en la que vivimos nos confirma que todavía queda mucho por hacer para
lograr que mujeres y hombres estén en igualdad de condiciones. Uno de los principales mantenedores de esta desigualdad son los micromachismos. Se trata de comportamientos y conductas diarias que establecen
control de forma directa contra la libertad y autonomía de las mujeres y que suelen ser
difíciles de percibir puesto que son comportamiento totalmente normalizados y
aceptados por la sociedad y en los que incurrimos hombres y mujeres de una manera
inconsciente en muchas ocasiones.

En el artículo de hoy queremos hacer un resumen de algunos de los
micromachismos que se dan en la vida cotidiana, actuando como indicativo de la
desigualdad de género para ayudar a todas las personas a conocerlos, identificarlos y
modificarlos por conductas más igualitarias.

  •  “Mi marido me ayuda en casa”

No, no estamos de visita en nuestro hogar. El desarrollo y ejecución de
las tareas domésticas debe de ser una responsabilidad conjunta, y como
habitante del hogar, es responsabilidad compartida la ejecución de la
mitad de las tareas, o, las que se pacten dentro de la convivencia.

  • “Lloras como una niña”

Este tipo de comentarios, llevan insertos un desprecio directo hacia la
mujer, calificándola como débil. Pero como cualquier otro
micromachismo, este no afecta únicamente al género femenino sino
que lo hace también al masculino, ya que si censuramos el llanto en
los niños entenderán que es adaptativo reprimir sus emociones y no
exteriorizarlas, dirigiendo sus comportamiento hacia una mala gestión
emocional en la edad adulta.

  •  “Es un padrazo”

Cuando incurrimos en este micromachismo, tendemos a dar por
extraordinarias algunas conducta que deberían resultarnos totalmente
normativas. En este caso cuando un varón ejerce la paternidad de una
manera responsable se le avala socialmente y se ensalza su figura como
padre, mientras que los mismos comportamientos llevados a cabo por
una madre en la crianza se consideran como normales y obligatorios.

  • “Los colores, los juguetes, los personajes, los olores…”

Culturalmente hemos desarrollado la creencia de que existen objetos de
hombres y mujeres, según su género. Desde que nacemos la sociedad
empieza a diferenciar nuestros gustos en base a colores (rosa frente a
azul), juguetes específicos (muñecas y cocinitas frente a coches
teledirigidos y balones… etc. Y este proceso llamado socialización de
género continúa toda nuestra vida marcándonos los perfumes que
debemos oler, el cine que debemos ver, los estudios y profesiones que
debemos elegir en base a nuestro género limitándo y sesgando de esta
manera nuestra libertad de elección y decisión.

Podríamos continuar hablando de micromachismos y de expresiones de
desigualdad eternamente, pero el objetivo de este artículo es concienciar y servir a
modo de ejemplo para entender hasta dónde llega la discriminación entre hombres y
mujeres o cómo afecta la presencia de desigualdad de género en la vida cotidiana.
No debemos olvidar que estos comportamientos los tenemos totalmente
interiorizados, normalizados y aprendidos desde la infancia, pero lo maravilloso de la
humanidad es su capacidad para evolucionar y superarse a sí misma. Por tanto
abrámos los ojos a esta realidad y trabajemos en común por un futuro más igualitario.

Cristina Higueras López
Psicóloga de grupoVOLMAE

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