¡Eso tiene que salir perfecto!. Esta frase puede aparecer en casa cuando un niño, una niña o una persona adolescente borra continuamente un ejercicio, se angustia ante un examen, evita participar en clase o abandona una actividad porque siente que no lo hará suficientemente bien. A veces se interpreta como exigencia, responsabilidad o incluso falta de esfuerzo. Sin embargo, detrás de esta conducta puede existir un miedo intenso a equivocarse.
El perfeccionismo no consiste simplemente en querer hacer las cosas bien. El problema aparece cuando la persona menor aprende a relacionar su valor personal con el resultado obtenido: “Si no lo hago perfecto, significa que no soy capaz”. Desde una perspectiva psicológica, estas interpretaciones pueden generar ansiedad y favorecer conductas de evitación, comprobación o búsqueda constante de seguridad.
Cuando equivocarse se convierte en una amenaza: Imaginemos a una persona adolescente que tiene que realizar una exposición oral. Antes de empezar piensa: “Seguro que me voy a equivocar y todo el mundo se dará cuenta”. Aparece ansiedad, aumenta la preocupación y comienza a revisar una y otra vez lo que va a decir. Puede incluso intentar evitar la exposición.
El problema es que evitar proporciona alivio inmediato. Si finalmente no realiza la actividad, disminuye temporalmente la ansiedad. Pero el cerebro aprende algo importante: «No enfrentarme a esta situación me protege». De este modo, la evitación puede mantenerse y el miedo aumentar ante futuras situaciones similares.
¿Qué pueden hacer las familias?
1. No reforzar la necesidad de hacerlo perfecto. Es importante valorar el esfuerzo, la perseverancia y el aprendizaje, no únicamente el resultado final.
2. Normalizar el error. Equivocarse no es una señal de incapacidad. Es una parte inevitable del aprendizaje. Frases como «¿Qué podemos aprender de este error?» ayudan a cambiar la interpretación de la equivocación.
3. Evitar las comparaciones. Comparar con hermanos, amistades o compañeros puede aumentar la presión y consolidar la idea de que siempre hay que destacar.
4. Ayudar a afrontar progresivamente las situaciones difíciles. Desde la terapia cognitivo-conductual se puede trabajar mediante aproximaciones graduales a aquellas situaciones que generan ansiedad, reduciendo progresivamente las conductas de evitación y comprobación.
5. Prestar atención al diálogo interno. Pensamientos como «tengo que hacerlo perfecto», «si fallo será un desastre» o «los demás pensarán que soy
incapaz» pueden trabajarse para desarrollar interpretaciones más realistas y flexibles.
¿Cuándo conviene pedir ayuda? Cuando el miedo a equivocarse empieza a interferir en los estudios, las relaciones sociales, el deporte, las actividades cotidianas o el bienestar emocional, conviene valorar qué está ocurriendo. También cuando aparecen ansiedad intensa, bloqueo, evitación, alteraciones del sueño, irritabilidad o una preocupación constante por el rendimiento.
En nuestros Centros de Psicología Integral trabajamos con niños, niñas, adolescentes y sus familias desde un enfoque cognitivo-conductual, proporcionando evaluación psicológica, psicoeducación y estrategias adaptadas a cada situación.
Porque el objetivo no es conseguir que nunca se equivoquen. El objetivo es que aprendan que pueden equivocarse, sentirse incómodos y seguir adelante. Aprender a tolerar el error es también aprender a confiar en las propias capacidades.
Si consideras que necesitas ayuda, en grupoVOLMAE, estaremos encantados de ayudarte.
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