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Necesito tiempo para acabar este trabajo…!, llegaré más tarde…, no podemos quedar este fin de semana, ni este mes, bueno vamos a fijar un día…¡, cuánto tardas en llegar al trabajo andando…?; éstas y muchas otras expresiones marcan la vorágine del día a día que vivimos en las sociedades modernas en pleno siglo XXI.

“No tengo tiempo para tener tiempo”

¿Puede ser que estemos infravalorando nuestro tiempo?, ¿somos conscientes de como vivimos el tiempo del que disponemos?. No hace muchas semanas estuve viendo una película que un amigo me recomendó: El Hombre de la Tierra’ (‘Man From Earth’; 2007), de Richard Schenkman. Es una película que te hace reflexionar en muchos sentidos, pero la variable tiempo ofrece mucho juego ya que el personaje principal – John Oldman (David Lee Smith) es un sabio profesor de Historia que decide dejarlo todo atrás, pero antes acaba confesando a sus compañeros de Universidad que tiene 14.000 años de edad y ha vivido algunos de los más trascendentales sucesos de nuestra historia. La interpretación de como “su tiempo” no existe y no tiene nada que ver con nuestros parámetros de vida es genial para replantearnos nuestro tiempo.

Podemos partir un una premisa, si no controlamos, planificamos y ajustamos nuestro tiempo, será el tiempo el que acabe haciendo con nosotros lo que le plazca. Lógicamente es importante recordar que nuestra percepción del tiempo es cambiante dependiendo de nuestro estado anímico, de si la tarea es agradable o la detestamos, e incluso dependiendo del día de la semana, del momento del día o de la cercanía de nuestra fecha favorita del año. Pero además, distinguimos distintos tipos de tiempo en consonancia con los esfuerzos que hacemos para “Conciliar”; nuestro tiempo de trabajo, nuestro tiempo familiar y social, y el tiempo que nos dedicamos, o nos debiéramos dedicar a nosotros mismos.

Otro elemento a tener en cuenta son lo que se han venido llamando “ladrones de tiempo”, esto es, los malos hábitos personales y sociales que tenemos y que nos acaban robando este escaso tiempo que siempre estamos verbalizando. Algunos de los más famosos son el mal uso del teléfono, el no saber decir que “no”, el abuso de la TV, el mal uso de internet, negarnos a cambiar, etc. a los que se han añadido las redes sociales y móviles de última generación.

Por otro lado, en el terreno organizacional me han comentado más de una vez: “no tengo tiempo para pensar”, es muy significativo porque si no nos paramos a pensar ¿cómo vamos a organizar las tareas y asumir con eficacia nuestras responsabilidades? Los imprevistos del día a día unidos al retraso de tareas son los mejores aliados del estrés laboral, la baja automotivación, el pésimo autoconcepto, el bajo rendimiento, los conflictos interpersonales, etc.

Los mejores consejos a tener en cuenta serían: tomar conciencia de nuestro tiempo y darle el valor que tiene, priorizar nuestras responsabilidades laborales y familiares atendiendo 1º a lo que es importante y urgente, 2º lo que es importante y no urgente, 3º lo que es urgente pero no importante y dejar para el tiempo que nos sobre lo que no sea ni importante ni urgente; y finalmente buscar tiempo para nosotros mismos, reflexionar y aprender a conocernos un poco mejor.

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