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Cada verano las olas de calor son más frecuentes, intensas y prolongadas. Sus efectos sobre la salud física son ampliamente conocidos, pero con frecuencia se pasa por alto su impacto sobre el bienestar psicológico, especialmente en la infancia y la adolescencia. Desde la Psicología sabemos que el calor extremo no solo incrementa el malestar físico, sino que también puede influir en las emociones, el comportamiento, la calidad del sueño y la capacidad para afrontar las situaciones cotidianas.

Las altas temperaturas actúan como un importante estresor fisiológico. El organismo debe realizar un mayor esfuerzo para regular su temperatura corporal, lo que puede favorecer la aparición de fatiga, irritabilidad, disminución de la concentración y una menor tolerancia a la frustración. En niños, niñas y adolescentes estos efectos pueden manifestarse con mayor intensidad debido a que sus mecanismos de autorregulación emocional todavía se encuentran en desarrollo.

Es habitual que durante una ola de calor aparezcan cambios de humor, mayor impulsividad, discusiones familiares, dificultades para mantener la atención, apatía o una menor motivación para realizar actividades. En adolescentes también puede aumentar la sensación de agobio, el aislamiento o el malestar emocional, especialmente si el calor limita sus rutinas habituales de ocio o descanso.

Uno de los efectos psicológicos más importantes del calor es la alteración del sueño. Dormir peor implica que al día siguiente aumenten la irritabilidad, la impulsividad y la dificultad para gestionar las emociones.

Cuando el descanso se ve afectado durante varios días consecutivos, muchas familias observan que sus hijas e hijos responden con mayor intensidad ante pequeñas frustraciones, presentan más conflictos entre hermanos o muestran menor capacidad para controlar sus emociones.

Desde un enfoque preventivo, existen pequeñas estrategias que pueden seguir las famillias:

  • Mantener horarios regulares de sueño, procurando que la habitación permanezca fresca y ventilada antes de acostarse.

  • Favorecer una hidratación frecuente, incluso aunque no manifiesten sensación de sed.

  • Evitar actividades físicas intensas durante las horas centrales del día.

  • Priorizar espacios climatizados o zonas de sombra cuando las temperaturas sean especialmente elevadas.

  • Ofrecer comidas ligeras que faciliten una adecuada hidratación.

  • Reducir el uso de pantallas antes de dormir, ya que dificultan aún más la conciliación del sueño cuando existe calor ambiental.

  • Comprender que determinados cambios de comportamiento pueden estar relacionados con el cansancio y el malestar físico, evitando responder únicamente desde el castigo o la confrontación.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                             

Las vacaciones también constituyen una excelente oportunidad para enseñar habilidades de regulación emocional. Ayudar a identificar las emociones, ponerles nombre y enseñar estrategias de afrontamiento, como la respiración diafragmática, las pausas antes de reaccionar o la resolución de problemas, favorece un mejor manejo del malestar asociado al calor y otras situaciones estresantes.

Es importante recordar que el calor no provoca por sí mismo problemas psicológicos, pero sí puede actuar como un factor que intensifique dificultades emocionales ya existentes, especialmente en menores con ansiedad, TDAH, trastornos del neurodesarrollo o problemas de regulación emocional.

Si durante el verano se observa un aumento persistente de la irritabilidad, cambios importantes en el estado de ánimo, ansiedad, aislamiento, alteraciones significativas del sueño o dificultades para controlar la conducta que interfieren en la convivencia familiar o el funcionamiento cotidiano, resulta recomendable solicitar una valoración psicológica.

A través de la psicoeducación, el entrenamiento en regulación emocional y el desarrollo de estrategias de afrontamiento adaptativas, ayudamos a que cada persona disponga de las herramientas necesarias para afrontar con mayor bienestar los retos que pueden surgir durante el verano y en cualquier momento del año.

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