Vivimos en una era digital que ofrece enormes ventajas, pero también desafíos importantes, sobre todo en la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Aunque el porcentaje de adicción no es alto, hablamos del 2,9%, podemos decir que un alumno o alumna de cada clase en colegios e institutos presenta problemas reales, En nuestros Centros de Psicología observamos un creciente número de familias preocupadas por el uso excesivo de pantallas: móviles, tabletas, videojuegos o redes sociales. Desde un enfoque de psicología cognitivo-conductual, sabemos que la prevención es la herramienta más poderosa.
No se es adicto a la pantalla en si, se es adicto a lo que se consume en las diversas pantallas. La adicción a las pantallas no surge de un día para otro. Se construye lentamente, a partir de rutinas poco reguladas, vacíos emocionales y una escasa educación digital. El papel de madres, padres y educadores es clave. Por eso, desde VOLMAEsalud queremos ofrecerte algunas claves prácticas basadas en la evidencia para prevenir este problema en el entorno familiar.
1. Establecer normas claras y consistentes
Los niños. niñas y adolescentes necesitan límites. La psicología cognitivo-conductual demuestra que una estructura estable y predecible favorece el desarrollo de la autorregulación. Acuerda tiempos y espacios para el uso de pantallas (por ejemplo, evitar dispositivos en la mesa o antes de dormir). Estas normas deben ser conocidas y respetadas por todos y todas en el hogar.
2. Promover actividades alternativas y reforzarlas
La mejor forma de reducir la dependencia de lo digital es ofrecer alternativas gratificantes. El deporte, los juegos al aire libre, la lectura o actividades creativas son grandes aliadas. Refuerza positivamente su participación en ellas: el reconocimiento emocional y verbal («me encanta verte disfrutar del baloncesto») fortalece la conducta saludable.
3. Ser ejemplo: los adultos también educamos con lo que hacemos
No podemos pedir a un adolescente que deje el móvil si nosotros estamos todo el día conectados. Los y las menores, y luego ya de adolescentes, aprenden por observación. Tener momentos en familia sin pantallas, como cenas o paseos, promueve una convivencia más sana y consciente.
4. Educar sobre los riesgos y promover el pensamiento crítico
Desde una perspectiva cognitiva, es fundamental que los y las menores comprendan por qué limitar el uso de pantallas. Hablar abiertamente sobre los efectos del abuso digital (problemas de sueño, ansiedad, aislamiento) y fomentar el análisis crítico de los contenidos les da herramientas para tomar decisiones más saludables.
5. Detectar señales de alarma a tiempo
Irritabilidad cuando se les quita el móvil, aislamiento social o bajo rendimiento escolar pueden ser señales de alarma. En estos casos, es importante intervenir pronto y, si es necesario, buscar apoyo profesional.
Si consideras que necesitas ayuda, en grupoVOLMAE, estaremos encantados de ayudarte.