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Con frecuencia oigo expresiones del tipo “no tenían más remedio que meterlo a una residencia…” “está en la residencia, ¿qué quieres?…” y da la impresión de que las actuales residencias continúan siendo esos primeros asilos para la tercera edad, en los que a los mayores se les daba una cama y comida de cualquier manera. Otras veces también tengo la impresión de que la gente piensa que las residencias están para aprovecharse de la “falta de recusos intelectuales” de los/as ancianos/as y beneficiarse del mucho o poco capital que tengan. Insisto, todo esto son impresiones que tengo de comentarios que oigo, porque si me baso en mi experiencia digo con total rotundidad y seguridad que no es así.

Por supuesto que puede existir alguna residencia de mayores a la que sería bueno que le hicieran más de una inspección, o alguna que solo se ocupen de dar cama, pero quiero resaltar aquí que la mayoría son otro tipo de residencias de mayores, otro tipo que apuesta por la mejora de la calidad de vida de sus residentes, por el bienestar y beneficio de éstos.

Desde hace años me ocupo del Servicio de Atención Psicológica en la Residencia de Mayores Virgen de la Blanca de Toledo, cuando vi las instalaciones y el funcionamiento del centro comprendí rápidamente lo que mi antigua compañera María Dominguez, mi antecesora de este servicio, quería decir con “es un hotel para mayores”, expresión que también usan muchos de los residentes actuales y una servidora.

Allí cada residente tiene su propia habitación, o habitación doble, o suite, para los matrimonios, hermanos/as, o si se quiere también para uno solo, por supuesto cada uno con su baño individual y personal. Las individuales más pequeñas son tan amplias que puedes arreglarte una especie de dormitorio-salita, con todo el inmobiliario correspondiente (cama, mesa camilla, cómoda, armario, televisión…), de las dobles o suite ya ni os hablo, porque son miniapartamentos.

Los y las residentes de lo único que se tienen que preocupar es de disfrutar. Tienen servicio de limpieza para las habitaciones, también lavandería, comedor (o si lo prefieren también les llevan la comida a su mini-casa), hay peluquería, gimnasio, cafetería, biblioteca, capilla donde se celebra misa todos los días. Diariamente hay una médica, varias enfermeras, farmacia, fisioterapeuta, terapeuta-ocupacional, trabajadora-social. Tienen taller de memoria y estimulación cognitiva, pintura, cine, informática, gimnasia, prensa, y seguro segurísimo se me escapan algunas cosas. Todo ello, sin contar con las actividades periódicas que se realizan, como viajes mensuales a Madrid, viajes a lugares de interés, visitas a teatros, piscina en verano, celebraciones de festividades (Navidad, Año Nuevo, Carnaval,…) y actividades puntuales como las que hago yoRisoterapia, Relajación, Terapia de grupo para familiares de personas dependientes…

¿Os podéis hacer una idea de esto? Es increible! Y no es solo que las instalaciones y funcionamiento sea abundante, sino que también todos los profesionales, desde las técnicos de limpieza hasta la dirección, están volcados en realizar un trabajo perfecto y dirigido al mayor. Y creo que si esto es así es porque se parte desde el respecto, la admiración y la compresión hacia los mayores, aquellas personas que ocupan el lugar que algún día ocuparemos nosotros.

Desde la residencia se pretende facilitar la mayor variedad de recursos necesarios con el fin de que el residente sea lo más independiente posible, aspecto de gran relevancia para la satisfacción personal de alguien que se encuentra en la última etapa de su vida. La cuarta edad, como ya se le empieza a llamar, es una etapa difícil, es el final de un largo camino en algunas ocasiones lleno de dolores físicos y psicológicos, donde el sentimiento de soledad parece ir cogido de la mano con las arrugas, caracterizado por años de pérdidas (pérdida de funciones motoras y cognitivas, pérdida de trabajo y responsabilidades, pérdidas familiares,…), por lo que cualquier trabajo es poco para que los mayores perciban sus ganancias (ganar amigos/as, aprender cosas nuevas, viajar, tomar las cosas con calma y sin prisa,…) y tengan como fin último DISFRUTAR DE CADA DÍA INTENSAMENTE.

Mª Ángeles Moya

PSICÓLOGA

Colegiada nº CM-01188

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