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En la preadolescencia, se comienza a experimentar con el tabaco. El cerebro en los preadolescentes todavía está en desarrollo y sobre todo la corteza prefontal que es la que nos ayuda a controlar nuestros impulsos y nuestro comportamiento. Por lo tanto, es más fácil que un consumo puntual de tabaco, que en ocasiones se puede realizar, por que ser igual que mis amigos/as, creer que así “soy más guay”, hacer “cosas de adultos”, hacer lo que visto a mi alrededor que otros hacen o para evadirme de una situación que me genera malestar, se convierta en una dependencia o adicción que a largo plazo pueda afectar gravemente a su salud. Y esto es lo que hace el tabaco por estar desinformados. Pero, ¿qué es el tabaco? ¿qué efecto produce en nosotros? ¿Realmente nos merece la pena caer en la trampa de esta droga?

¿Qué es?

En primer lugar hay que indicar que el tabaco es una droga estimulante del sistema nervioso central. Uno de sus componentes, la nicotina, posee una enorme capacidad adictiva, por ello actúa como un potente reforzador y es la causa por la que su consumo produce dependencia o adicción.

Durante la combustión del tabaco se originan más de 4.000 productos tóxicos diferentes. Entre ellos, destacan por su especial peligrosidad y por las enfermedades a que pueden asociarse, los siguientes:

  • Alquitranes: responsables de los distintos tipos de cáncer.

  • Monóxido de carbono: favorece las enfermedades cardiovasculares.

  • Irritantes (fenoles, amoníacos, ácido cianhídrico): responsables de enfermedades respiratorias como la bronquitis crónica y el enfisema pulmonar.

  • Nicotina: causa la dependencia del tabaco. Tiene una vida media aproximada de dos horas, pero a medida que disminuye su concentración en sangre, se incrementa el deseo de fumar.

Otros componentes del tabaco: arsénico, cadmio, níquel, polonio 210, acetona y metanol, entre otras sustancias cancerígenas o tóxicas.

¿Qué efectos inmediatos produce en el organismo?

Fumar un cigarrillo significa exponerse a numerosas sustancias perjudiciales para la salud y al riesgo de desarrollar una dependencia o adicción.

El monóxido de carbono se encuentra en el humo del tabaco, y pasa a la sangre a través de los pulmones. Es el responsable del daño en el sistema vascular por una parte, y de la disminución del transporte de oxígeno a los tejidos de nuestro organismo, por otra. Produce fatiga, tos y expectoración.

Frecuentemente escuchamos la frase “a mi es que me gusta fumar”, pero si pensamos en las primeras veces que comenzamos a fumar, fueron totalmente desagradables. Lo único que la nicotina actúa sobre las áreas del cerebro que regulan las sensaciones placenteras prácticamente al momento, provocando la aparición de dependencia o adicción. Esto es lo que hace que caigamos en la trampa de continuar consumiendo.

También actúa sobre el sistema cardiovascular aumentando la frecuencia cardíaca y la posibilidad de arritmias. Además, produce cambios en la viscosidad sanguínea y aumenta los niveles de triglicéridos y colesterol.

A diferencia de la imagen atractiva que tiene a veces, el tabaco produce al poco tiempo de empezar a consumirse algunas alteraciones poco deseables entre las que se encuentran:

  • Arrugas prematuras en la zona del labio superior, alrededor de los ojos (patas de gallo), barbilla y mejillas, y coloración grisácea de la piel que constituye el llamado “rostro del fumador”.

  • Manchas en los dientes, infecciones y caries dentales.

  • Mal aliento y mal olor corporal por impregnación del olor del tabaco.

  • Manchas amarillentas en uñas y dedos.

Los adolescentes y jóvenes que empiezan a fumar no suelen conceder importancia a los efectos que el tabaco producirá sobre su salud ni a corto ni a largo plazo, pero existen otros efectos, más cercanos en el tiempo, que han sido demostrados en población juvenil y que pueden constatarse sin necesidad de que exista cronicidad en el consumo de tabaco.

¿Cuáles son los efectos a corto plazo?

  • Fatiga prematura.

  • Disminución del rendimiento deportivo

  • Mayor riesgo de anginas.

  • Aumento de constipados.

  • Incremento de Tos y expectoraciones.

  • Pérdida de apetito.

  • Alteraciones del ritmo del pulso.

  • Color amarillento de los dedos y dientes.

  • Mal olor que se desprende de la boca y del aliento.

¿Qué riesgos y consecuencias tiene el consumo de tabaco?

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tabaco es la primera causa evitable de enfermedad, invalidez y muerte prematura en el mundo. En Europa, el tabaquismo provoca cada año 1,2 millones de muertes. Está directamente relacionado con la aparición de 29 enfermedades (de las cuales 10 son diferentes tipos de cáncer) y es la principal causa de buena parte de muertes por cáncer de pulmón y de más del 50% de las enfermedades cardiovasculares.

En España cada año mueren más de 50.000 personas debido al consumo de tabaco, más que por los accidentes de tráfico y el consumo de drogas ilegales juntos.

Entre las enfermedades relacionadas con el tabaco destacan las siguientes:

  • Bronquitis crónica.

  • Enfisema pulmonar.

  • Cáncer de pulmón.

  • Hipertensión arterial.

  • Enfermedad coronaria (angina o infarto de miocardio).

  • Accidentes cerebrovasculares (trombosis, hemorragias o embolias).

  • Úlcera gastrointestinal.

  • Gastritis crónica.

  • Cáncer de laringe.

  • Cáncer bucofaríngeo.

  • Cáncer renal o de vías urinarias.

  • Impotencia sexual en el varón.

Riesgos adicionales en las mujeres:

  • La probabilidad de padecer un infarto se multiplica por 10 en las mujeres que fuman y utilizan anticonceptivos orales.

  • Entre las mujeres fumadoras, la menopausia se adelanta una media de entre 2 y 3 años con respecto a las mujeres que nunca han fumado.

  • Aumenta el riesgo de sufrir osteoporosis.

El consumo de tabaco incrementa en un 70% el riesgo de morir prematuramente por diversas enfermedades derivadas del consumo de tabaco. Este mayor riesgo es directamente proporcional al tiempo que se lleva fumando, a la cantidad de cigarrillos que se fuman a diario, a la profundidad de la inhalación del humo y al contenido en nicotina y alquitrán de la marca fumada.

El tabaquismo es la causa de…

  • Más del 90% de los casos de bronquitis.

  • Del 95% de los casos de cáncer de pulmón.

  • Del 30% de todas las cardiopatías coronarias.

  • Parte importante de los casos de cáncer de esófago, vejiga urinaria, cavidad bucal y laringe.

Por tanto ¿realmente nos merece la pena continuar consumiendo tabaco?

NO, realmente el beneficio o el placer que te puede generar fumar un cigarro de modo inmediata, para no tener las sensaciones desagradables del síndrome de abstinencia o también llamado “mono”, no es comparable con todos los riesgos y consecuencias que tiene a corto plazo y largo el consumo prolongado de esta droga.

Así que, “TÚ QUE ERES VALIENTE, QUE NO TE PARA NADA, QUE TE ENCANTA HACER COSAS… DEJA DE FUMAR Y PONTE CON OTRAS COSAS QUE TE GENERE BIENESTAR Y SALUD”.

¿Qué hacer para dejar de fumar?

A veces nos imaginamos que va a ser muy difícil dejarlo, anticipamos que vamos a estar muy estresados o nerviosos, que no vamos a poder, que vamos a engordar, o nos ponemos escusas como “ya lo haré después de fiestas”, y luego, en realidad cuando te pones no es para tanto.

El tabaco es una de las drogas más consumidas, entre otras cosas, porque en nuestra sociedad se relaciona el consumo de tabaco con todo tipo de actos sociales, con diversión y fiesta, esta relación lleva a que en ocasiones se abuse del consumo y se realice de una forma compulsiva, inconsciente y poniendo en riesgo nuestra propia salud, por tanto:

  • Pon una fecha. Una fecha a corto plazo, a no más de un mes vista. Así te dará tiempo a ir mentalizándote y visualizando el momento. Ejemplo: “cuando se me termine el paquete de tabaco que tengo ahora, ya no compro más”.

    Cuéntale a la gente de tu alrededor que vas a dejarlo, incluso lo puedes dejar por escrito y firmarlo.

  • Prepárate para cuando llegue la fecha.

    Prepárate para los síntomas físicos de la primera semana de abstinencia, nervios, … con estos, paciencia, pasarán rápido.

    Es importante que hagas una lista de razones por las que quieres dejar de fumar y te pongas una serie de normas. Ejemplo: “no puedo comprar más tabaco”.

    También puedes pensar en aquellas situaciones en las que tienes asociado el consumo de tabaco “ejemplo, cuando estoy con los amigos” para anticiparte y pensar en alguna actividad distinta que te distraiga y que no te haga caer en las garras de volver a fumar.

  • Una vez pasada la fecha mantenerte sin fumar. Evitar tener por casa mecheros, tabaco, o cualquier cosa que nos recuerde al tabaco y lava toda tu ropa.

    Algo que también puede ayudar, es hacer ejercicios de relajación o actividades que nos entretengan sobre todo la primera semana, que quizás te encuentres algo nervioso, susceptible o irritado.

    Las primeras semanas es mejor evitar aquellas situaciones que tenemos asociadas al consumo de tabaco o cambia el lugar, y si las tenemos, tener otra actividad alternativa prevista por si en alguna ocasión tengo el síndrome de abstinencia.

    La buena noticia es que el “mono” dura muy poquito, y si en algún momento, sientes las sensaciones desagradables del síndrome de abstinencia, si te pones hacer otra cosa, se te pasará en unos minutos, así que puedes pensar “hoy no fumo”.

    También te puedes dar premios, refuérzate por no fumar. Ejemplo: cuando lleve un mes sin fumar, me compro el libro que me gusta.

    Por último, celebra cada día que pase que NO HAYAS FUMADO. Y piensa, que cuantas más veces hayas intentado dejar de fumar, más probabilidad hay de que esta sea la definitiva.

No obstante, si tienes dificultades a la hora de dejar de fumar, contacta con nosotros aquí.

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